Industria del aluminio espera una complicada revisión del T-MEC

  • Negociación con Canadá revela las “líneas rojas” de Trump: Washington no prevé detener los aranceles a sus socios del tratado y mantiene su resistencia a exentar derivados de aluminio

Por César Sánchez

Monterrey, NL., 8 de septiembre de 2026.— La negociación de Estados Unidos con Canadá dejó al descubierto las “líneas rojas” de la administración de Donald Trump para la revisión del T-MEC, un escenario que anticipa una batalla complicada para México, particularmente para la industria del aluminio.

Entre las principales señales que Washington habría enviado durante las conversaciones con Canadá destacan su negativa a comprometerse a detener los aranceles contra sus socios del T-MEC, su exigencia de un mayor contenido estadounidense para acceder a beneficios comerciales y su resistencia a otorgar exenciones arancelarias a los productos derivados del aluminio.

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El diagnóstico fue presentado durante el panel “Estado actual de la revisión del T-MEC e implicaciones para la industria del aluminio”, en el que participaron Eugenio Clariond Rangel, presidente del Instituto Mexicano del Aluminio (IMEDAL), y Sergio Gómez Lora, CEO de IQOM.

Una de las principales revelaciones de la presentación de IQOM fue precisamente que Washington no estaría dispuesto a renunciar a los aranceles como instrumento de presión comercial, aun cuando avance la revisión del tratado.

El experto presentó cinco señales de la negociación Canadá-Estados Unidos: Trump no detendrá los aranceles a sus socios del T-MEC; exigirá contenido estadounidense para otorgar trato preferencial en el caso de vehículos sujetos a la Sección 232; mantiene resistencia a exentar aranceles sobre derivados de aluminio; no muestra disposición a conceder alivio para vehículos pesados y medianos, y además existen diferencias de coordinación entre funcionarios estadounidenses como Jamieson Greer, Howard Lutnick y Peter Navarro.

Aluminio, en el foco de Washington

Para la industria mexicana del aluminio, el segundo y tercer punto son particularmente relevantes.

Gómez Lora explicó que México llega a la revisión del T-MEC con dos objetivos fundamentales: renovar el tratado por otros 16 años y conseguir el mayor alivio posible a los aranceles de la Sección 232.

El problema es que los objetivos mexicanos chocan directamente con las prioridades de Washington.

Estados Unidos pretende reducir su déficit comercial, recuperar empleos manufactureros, incrementar la producción de aluminio dentro de su territorio y reducir la dependencia de China y Asia.

De ahí que la negociación no se limite a discutir cuánto podrían bajar los aranceles, sino qué tendría que conceder México a cambio.

La moneda de cambio

La revisión del T-MEC está organizada, de acuerdo con la exposición de IQOM, en tres grandes “canastas”.

La primera corresponde a la llamada seguridad económica de América del Norte, donde Estados Unidos busca reducir el uso de insumos provenientes de Europa y Asia en las cadenas productivas de México y Canadá, y aumentar el contenido regional, particularmente estadounidense.

La segunda es la que interesa directamente a México: los aranceles de la Sección 232, que actualmente alcanzan a sectores como automóviles, camiones, acero, aluminio y productos derivados.

La tercera contempla temas como energía, telecomunicaciones, propiedad intelectual, prácticas del SAT y facilitación comercial, donde Estados Unidos busca cambios en México.

Así, el alivio arancelario para el aluminio no se negocia en el vacío.

“Para obtener una reducción al arancel 232 tenemos que poner en la mesa concesiones”, explicó Gómez Lora durante el panel.

Canadá mostró hasta dónde quiere llegar Trump

La experiencia canadiense es ahora una referencia para México.

De acuerdo con Gómez Lora, las conversaciones entre Ottawa y Washington permitieron observar que Estados Unidos difícilmente aceptará comprometerse a no utilizar nuevamente los aranceles como herramienta de presión.

En el caso del aluminio canadiense, incluso una eventual reducción fue planteada de 50 a 25 por ciento, mientras que en acero se habló de una cuota. Para vehículos, Canadá tampoco consiguió el alivio esperado.

El punto más delicado para México es que Canadá buscó una especie de tregua que impidiera a Washington imponer nuevos aranceles después de alcanzar un acuerdo, pero esa condición no prosperó.

El mensaje, según la exposición de IQOM, es que Trump quiere conservar abierta la posibilidad de volver a utilizar los aranceles en el futuro.

Reglas de origen: otro frente de riesgo

La presión tampoco termina en los aranceles.

Estados Unidos pretende endurecer las reglas de origen para exigir una mayor utilización de insumos estadounidenses dentro de las cadenas productivas de México y Canadá.

El planteamiento adquiere especial importancia para industrias como aluminio, acero y automotriz, debido a que cualquier cambio en las reglas de origen podría modificar los costos y las condiciones para acceder al trato preferencial del T-MEC.

Gómez Lora advirtió además que Washington está extendiendo la discusión hacia productos electrónicos y otras cadenas donde Asia mantiene una participación dominante, lo que vuelve todavía más compleja la negociación.

México enfrenta una negociación de doble filo

Mientras Estados Unidos mantiene abierta su política arancelaria, México busca evitar que el T-MEC pierda una de sus principales ventajas: la certidumbre para las cadenas productivas de América del Norte.

Clariond Rangel sostuvo que existe expectativa de que las negociaciones puedan producir una señal favorable para el sector, aunque llamó a mantener cautela sobre los tiempos.

Las próximas rondas serán determinantes.

Las conversaciones podrían continuar hacia finales de septiembre o principios de octubre, en un proceso en el que México deberá buscar alivio para sus exportadores sin aceptar condiciones que terminen debilitando la competitividad de sus industrias.

La conclusión que deja el panel es incómoda para México: el objetivo de eliminar o reducir sustancialmente los aranceles al aluminio tendrá que negociarse frente a un Estados Unidos que no quiere soltar su principal herramienta de presión y que, además, busca transformar las reglas del comercio norteamericano a favor de un mayor contenido estadounidense.

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