Cuando una pareja se divorcia, la batalla puede apenas comenzar: custodia, convivencia, denuncias y obstrucción parental pueden convertir a los hijos en el centro del conflicto. OPEN Talks llevará esta discusión a Quinta Real el 15 de octubre, con Ana Garduño, Nina Mahsati y Raúl Rodríguez, quienes abordarán desde distintas perspectivas el impacto de estas disputas en la infancia.
Monterrey, NL.- El divorcio puede terminar con el matrimonio, pero no necesariamente con el conflicto.
Cuando hay hijos de por medio, la separación puede abrir una segunda batalla: quién los ve, quién decide sobre ellos, dónde viven, cuánto tiempo pasan con cada progenitor y, en los casos más difíciles, qué ocurre cuando uno de los padres intenta impedir o limitar la relación de los menores con el otro.
Las cifras ayudan a dimensionar el tamaño del fenómeno. En México se registraron 155 mil 254 divorcios durante 2025, de acuerdo con la Estadística de Divorcios del INEGI publicada esta semana. El 88.3 por ciento se resolvió por la vía judicial, mientras que el divorcio incausado representó 66.4 por ciento de los casos y el mutuo consentimiento 32.5 por ciento.
Detrás de esas cifras existen miles de historias familiares en las que la ruptura de la pareja no necesariamente significa la ruptura de las responsabilidades parentales.
De hecho, los datos más recientes disponibles con desglose sobre hijos muestran la dimensión del problema. En 2024, 22.5 por ciento de los divorcios judiciales correspondió a matrimonios con un hijo menor de edad; 16.2 por ciento tenía dos hijos y 5.5 por ciento, más de dos. Es decir, una proporción importante de las separaciones judiciales involucró directamente a niñas, niños y adolescentes.
Y ahí aparece una de las zonas más delicadas del divorcio: la custodia.
En los divorcios judiciales registrados en 2024, la custodia de los hijos se asignó a alguna de las personas divorciantes en 38.2 por ciento de los casos; en 5.9 por ciento fue concedida a ambos y en 55.1 por ciento no se otorgó. El propio INEGI aclara que esto último puede ocurrir porque el matrimonio no tenía hijos menores o porque éstos ya no dependían de sus padres, entre otras situaciones.
La estadística no mide directamente la llamada obstrucción parental —ni permite concluir quién la ejerce—, pero sí muestra que custodia, patria potestad y pensión alimenticia forman parte de un universo judicial considerable.
Es precisamente esa zona gris, entre la ruptura de la pareja y la permanencia de la relación entre padres e hijos, la que será abordada durante “La guerra por los hijos”, conferencia programada para el próximo 15 de octubre a las 19:00 horas en Quinta Real, con la participación de Ana Garduño, Nina Mahsati y Raúl Rodríguez.
Una ruptura que puede convertirse en batalla
Ana Garduño, presentada como opinóloga profesional y especialista en obstrucción parental, plantea el problema desde el terreno emocional.

“Nadie nos enseña a relacionarnos en pareja y menos a terminar el vínculo”, señala, al advertir que una separación puede dejar sentimientos de ira, frustración, dolor o incluso deseos de venganza que terminan interfiriendo con la relación de los hijos con alguno de sus padres.
Su preocupación central es qué ocurre cuando el conflicto de pareja se prolonga después de la separación.
La pregunta, en ese escenario, deja de ser solamente quién tiene la razón en el divorcio y pasa a ser qué consecuencias tiene para los hijos quedar atrapados en el enfrentamiento de los adultos.
Ese punto adquiere especial relevancia porque la violencia contra la infancia no se limita a los casos extremos.
UNICEF México señala que 55.5 por ciento de niñas, niños y adolescentes experimentó disciplina violenta en su hogar, de acuerdo con datos de la ENSANUT 2022; además, reporta que 70.89 por ciento de las lesiones por violencia contra menores atendidas por la Secretaría de Salud en 2024 ocurrió en la vivienda donde habitan.
Los datos no se refieren específicamente a divorcios ni a obstrucción parental, pero evidencian la vulnerabilidad de la infancia dentro de los propios entornos familiares.
El debate sobre padres, madres y justicia
Raúl Rodríguez llevará la discusión hacia una dimensión sociológica y política.

El investigador y periodista sostiene que existe una transformación necesaria de las relaciones entre hombres y mujeres, pero cuestiona que determinadas agendas políticas, ideológicas o presupuestales puedan terminar convirtiendo esa transformación en una confrontación entre géneros.
Desde su perspectiva, la llamada “guerra por los hijos” tiene varias dimensiones y se manifiesta en tribunales, juzgados y reclusorios.
Rodríguez afirma que uno de los problemas que abordará será la obstrucción parental, así como lo que considera casos de presunción de culpabilidad contra hombres y denuncias falsas.
Estas afirmaciones corresponden a su posición y a los casos que, según explica, ha conocido a través de Transformalia; no constituyen por sí mismas estadísticas oficiales sobre la frecuencia de denuncias falsas u obstrucción parental.
El punto de fondo, sin embargo, es difícil de ignorar: cuando una pareja se separa, el conflicto jurídico puede prolongarse mucho después de que terminó la relación sentimental.
Y en medio quedan los hijos.
Una discusión incómoda sobre violencia infantil
Nina Mahsati planteará una de las posiciones más controvertidas de la conferencia.

La investigadora y escritora sostiene, a partir de lo que presenta como investigación estadística, que una proporción elevada del maltrato infantil ocurre a manos de las madres dentro del hogar y cuestiona lo que denomina “santidad materna” como supuesto cultural que puede dificultar la identificación de determinadas formas de violencia contra los menores.
También sostiene que algunas reformas legislativas y decisiones institucionales han generado sesgos que, desde su perspectiva, pueden invisibilizar a víctimas infantiles.
Es una afirmación que requiere una distinción importante: las estadísticas oficiales y los organismos internacionales consultados no permiten establecer, con los datos citados, que las madres sean responsables de la mayoría del maltrato infantil en México. UNICEF reporta que la disciplina violenta es ejercida por padres, madres y personas cuidadoras, y sus datos muestran una problemática extendida dentro de los hogares.
La discusión que propone Mahsati, por tanto, se inserta en un debate más amplio sobre cómo identificar a las víctimas, cómo investigar las denuncias y cómo evitar que las categorías de género sustituyan la investigación individual de cada caso.
El que pierde no debería ser el hijo
Más allá de las posiciones encontradas de los participantes, el problema tiene una coincidencia básica: los hijos no son una extensión del conflicto de los adultos.
El propio diseño estadístico del INEGI reconoce la necesidad de observar qué ocurre con los menores después del divorcio: registra variables sobre hijos menores, custodia, patria potestad y pensión alimenticia.
En 2024, además, la patria potestad fue otorgada a ambos divorciantes en 38.46 por ciento de los divorcios judiciales; a una de las personas en 5.69 por ciento. La pensión alimenticia fue asignada a los hijos en 38.6 por ciento de los casos judiciales.
La estadística revela una realidad: el divorcio no borra la responsabilidad parental.
El desafío aparece cuando el resentimiento, las acusaciones, las nuevas parejas, las disputas económicas o las diferencias sobre la crianza terminan convirtiendo a los hijos en mensajeros, testigos, negociadores o incluso instrumentos de presión.
Ahí es donde una separación deja de ser solamente un asunto de dos adultos.
Se convierte en un problema de infancia.
Y quizá esa sea la pregunta más incómoda que plantea “La guerra por los hijos”: cuando una pareja deja de amarse, ¿por qué sus hijos tienen que dejar de sentirse hijos de ambos?
“La guerra por los hijos” se realizará el 15 de octubre, a las 19:00 horas, en Quinta Real, con la participación de Ana Garduño, Nina Mahsati y Raúl Rodríguez. El encuentro abordará obstrucción parental, alineación parental, bienestar de la infancia, igualdad de derechos y género, desde perspectivas distintas y deliberadamente confrontativas.