Pone Nuevo León ejemplo en economía circular

La revisión del T-MEC ha concentrado la conversación en aranceles, reglas de origen, generación de energía y cadenas de suministro. Sin embargo, un nuevo elemento está emergiendo como diferenciador clave para la competitividad regional: la capacidad de transformar subproductos industriales en nuevos insumos productivos.

La circularidad va más allá de un tema ambiental; es un asunto de seguridad económica, integración regional y cumplimiento comercial.

En el marco de la revisión del T-MEC en 2026 la circularidad puede convertirse en una de las fortalezas más importantes de México ya que las reglas de origen de tratado exigen que un porcentaje creciente del valor de los productos provenga de la región. Para las empresas, esto significa una necesidad creciente de insumos locales, confiables y competitivos.

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La circularidad permite exactamente eso: producción de materiales secundarios dentro de México, menor dependencia de insumos importados, mayor contenido regional para manufactura y la reducción de costos logísticos y exposición a la volatilidad global.

En otras palabras: la circularidad es integración regional y fortalecimiento del tratado comercial trilateral.

En un contexto donde Estados Unidos busca limitar la entrada de productos con contenido extrarregional (especialmente los asiáticos), la circularidad ofrece una solución estratégica: Los materiales reciclados en México cuentan como contenido regional bajo el T-MEC, reducen la exposición a insumos provenientes de China y fortalecen la autonomía productiva de Norteamérica.

Lo anterior se vuelve relevante cuando uno de los sectores clave para la región y en nuestro país, el siderúrgico, apuesta por la producción y generación más sostenible. En México, más del 93% del acero producido en el país proviene de hornos de arco eléctrico, una tecnología que utiliza chatarra como materia prima principal. Este modelo no solo reduce la presión sobre la minería, también implica una disminución significativa en emisiones de CO₂ frente a rutas tradicionales.

Casos como el de Zinc Nacional son prueba de ello, en México, su planta en San Nicolás procesa el 100% de los subproductos del acero generados en el país, y con una red regional de plantas en Estados Unidos, es un ejemplo clave de como la circularidad ya es parte del comercio estratégico de Norteamérica. Aunque estos subproductos no se reportan como categoría comercial independiente, sí forman parte de los flujos regulados que se procesan dentro del bloque.

En el caso del zinc, se estima que más del 80% del material reciclable logra recuperarse, mientras que cerca del 30% del consumo global ya proviene de fuentes secundarias. Esta capacidad de reintegración permite extender el ciclo de vida de infraestructuras clave y garantizar un abasto estratégico para sectores claves en la región como es la agroindustria, el automotriz, cerámicas y nutrición animal.

En este sentido, la circularidad permite al sector siderúrgico cumplir reglas de origen, fortalecer cadenas de suministro, reducir riesgos geopolíticos, atraer inversiones e impulsar un modelo de desarrollo más competitivo y sostenible.

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