Monterrey, Nuevo León.– La combinación de ingeniería, bioimpresión y robótica suave llevó a Diego Quevedo, egresado del Tecnológico de Monterrey Campus Monterrey, hasta el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde actualmente desarrolla modelos de corazones artificiales con el objetivo de llevar sus investigaciones a aplicaciones médicas.
Quevedo inició su formación profesional en 2016 en Ingeniería en Mecatrónica del Tec de Monterrey, como parte del programa Líderes del Mañana, que le permitió cursar sus estudios con una beca del 100%.
Durante su carrera se incorporó al Laboratorio Álvarez-Trujillo, especializado en biofabricación avanzada, ingeniería de tejidos y bioimpresión caótica. Ahí comenzó a complementar sus conocimientos de ingeniería con técnicas de investigación biológica y biomédica.
El investigador aprendió procedimientos de cultivo celular, bioimpresión, tinciones y microscopía, además de participar en proyectos relacionados con la generación de fibras musculares para sustituir tejido muscular no funcional.
Una de sus principales aportaciones dentro del laboratorio fue el diseño tridimensional de mezcladores estáticos y la realización de simulaciones computacionales de fluidos utilizadas en diferentes proyectos de investigación. Estos trabajos también contribuyeron a su participación como coautor en diversas publicaciones científicas.
En 2020, todavía como estudiante del Tec, realizó una estancia de investigación en el MIT, donde participó en un proyecto para desarrollar parches impresos en 3D destinados al tratamiento del corazón después de un paro cardiaco.
Tras graduarse en 2021, Quevedo recibió propuestas para continuar sus estudios de posgrado en instituciones como Stanford, UC Berkeley y Carnegie Mellon, además del MIT. Finalmente optó por esta última institución, donde actualmente cursa un doctorado enfocado en robótica suave y el diseño de modelos de corazones artificiales.
Su trayectoria refleja la convergencia entre disciplinas que tradicionalmente se desarrollan por separado. La formación en mecatrónica se complementó con conocimientos en bioingeniería, cultivo celular, bioimpresión y microscopía, herramientas que ahora utiliza en su investigación doctoral.
Para Quevedo, el objetivo de esta etapa no se limita a la generación de publicaciones científicas o patentes, sino a conseguir que los desarrollos tecnológicos puedan eventualmente trasladarse del laboratorio al ámbito clínico.
“Más que un artículo científico, más que patentes, es el paso que quiero dar. Ya estuve mucho tiempo estudiando, desarrollando nuevas ideas. Ahora el siguiente reto para mi carrera profesional es que algo que diseñemos como equipo se pueda llevar a la implementación en los hospitales, en las clínicas, con los pacientes, que salve vidas”, señaló.
El investigador contempla la posibilidad de desarrollar una empresa propia o colaborar con alguna organización para llevar estas tecnologías hacia etapas de implementación.
De esta forma, el trabajo de Quevedo se centra en cerrar la brecha entre la investigación académica y las aplicaciones médicas, mediante el desarrollo de tecnologías que combinen robótica e ingeniería con las necesidades de la medicina cardiovascular.