Monterrey, NL. Las temperaturas superiores a los 45 grados Celsius que se han registrado en diversas regiones del país comienzan a traducirse en un nuevo riesgo para la actividad económica: una red eléctrica cada vez más presionada por la demanda. En Nuevo León, los recientes apagones y variaciones de voltaje han evidenciado que el principal desafío ya no es generar electricidad, sino garantizar que ésta llegue de forma confiable a hogares, comercios e industrias durante los picos de consumo.
Especialistas advierten que la saturación de la infraestructura de transmisión y distribución podría convertirse en un factor que afecte la competitividad de uno de los principales motores industriales del país, al provocar interrupciones capaces de generar pérdidas millonarias en procesos productivos.
Aunque Nuevo León es un estado exportador neto de electricidad, durante las últimas semanas ha registrado diversas interrupciones del suministro eléctrico derivadas de la elevada demanda ocasionada por las olas de calor. De acuerdo con especialistas del Clúster Energético de Nuevo León, el problema no radica en la capacidad de generación, sino en la capacidad de transportar y distribuir la energía cuando el sistema opera cerca de su límite.
La situación comienza a replicarse en otras entidades. Durante este año también se han registrado fallas en el suministro eléctrico en estados como Yucatán, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, asociadas tanto a las altas temperaturas como a fenómenos meteorológicos y a la creciente presión sobre la infraestructura eléctrica nacional.
Apagones con alto costo para la industria
Para el sector manufacturero, un corte de energía representa mucho más que la interrupción temporal del suministro. Incluso un microcorte de apenas unos segundos puede detener líneas automatizadas, descalibrar equipos de alta precisión, echar a perder materia prima y provocar horas de inactividad mientras los procesos vuelven a estabilizarse.
De acuerdo con Gartner, el costo promedio del tiempo de inactividad para una operación industrial puede alcanzar los 5 mil 600 dólares por minuto, dependiendo del sector y del nivel de criticidad de la operación.
Las pequeñas y medianas empresas también enfrentan un impacto considerable. Según la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope) Monterrey, un solo apagón puede ocasionar pérdidas de entre 2 mil y 40 mil pesos por establecimiento debido al deterioro de mercancías, daños en equipos eléctricos, interrupción de ventas y menor productividad.
Almacenamiento energético gana terreno
Ante este escenario, empresas especializadas consideran que el almacenamiento energético comienza a consolidarse como una herramienta estratégica para fortalecer la resiliencia operativa y reducir la dependencia de una red eléctrica sometida a creciente presión.
“Hoy el desafío ya no consiste únicamente en producir energía más económica o limpia, sino en asegurar que las empresas nunca tengan que detener su operación por una falla en la red eléctrica. En estados altamente industrializados como Nuevo León, la resiliencia energética se está convirtiendo en un factor de competitividad tan importante como la digitalización o la automatización”, afirmó José Hernán Zambrano, director comercial de Bright.
La compañía impulsa soluciones que integran generación distribuida, almacenamiento inteligente y sistemas avanzados de baterías capaces de responder de manera prácticamente instantánea ante interrupciones o variaciones de voltaje, con un funcionamiento similar al de un UPS industrial de gran capacidad.
A diferencia de las plantas de emergencia convencionales, que requieren algunos segundos para entrar en operación, estos sistemas eliminan los llamados flickers o microcortes que suelen afectar maquinaria de alta precisión y procesos automatizados. La tecnología ya se utiliza en plantas del sector automotriz establecidas en México, donde la calidad del suministro eléctrico resulta crítica para mantener la producción.
Además de proteger la continuidad operativa, estas soluciones permiten almacenar electricidad durante los periodos de menor demanda para utilizarla cuando las tarifas son más elevadas mediante estrategias de peak shaving, con potencial de reducir hasta 35 por ciento el costo de la energía. La implementación puede realizarse bajo esquemas de arrendamiento o contratos de suministro de energía (PPA), evitando inversiones iniciales por parte de las empresas.
“Las empresas no pueden controlar las temperaturas extremas ni la presión que enfrenta la red eléctrica, pero sí pueden decidir qué tan preparadas están para operar cuando ocurren interrupciones. Hoy existen modelos que permiten fortalecer esa resiliencia sin descapitalizarse, protegiendo tanto la operación como la competitividad del negocio”, agregó Zambrano.
Un desafío que irá en aumento
La experiencia reciente de Nuevo León anticipa un reto que podría extenderse a otras regiones del país conforme aumenten las temperaturas y el consumo eléctrico. Para el sector productivo, garantizar la continuidad del suministro dejará de ser únicamente una estrategia de eficiencia energética para convertirse en un elemento clave de competitividad.
En ese contexto, el almacenamiento energético y la generación distribuida comienzan a posicionarse como alternativas para reducir la exposición a interrupciones, fortalecer la resiliencia operativa y mantener la productividad en un sistema eléctrico cada vez más exigido.